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04Dic2014

{Os abandono sin desearlo, querida familia, amigos, y hasta aquellos con quienes rivalicé}

… pero solo en cuerpo, mi alma a vosotros la he entregado irremediablemente Madrid, 23 de junio de 1898

Ya han transcurrido 116 años desde que me fui…y ocurrió algo  así:

Un poco mareado, apenas sin aliento, ”Juan decidió que la respiración agitada que se oía, debía de ser la suya”. Los suelos de tierra no emitían sonido alguno, y cuando parecía que estaba recobrando el aliento, el suelo se movió bajo su cuerpo.

El suave y tibio viento del atardecer traía consigo el eco de las voces amortiguadas a su cerebro cansado, que soplaba botando sobre su cabeza.

Aunque las fuerzas del cuerpo le estaban abandonando, Juan consiguió entrar en el portal número cinco de la Puerta del Sol de Madrid, donde vivía y tenía su gabinete fotográfico, coger uno de los dos ascensores que le subirían  a la cuarta planta, sentarse unos instantes eternos en el asiento de la cabina, salir y llamar a su puerta principal la más cercana, antes de derrumbarse y caer inconsciente allí mismo.

Eleuterio, uno de los sirvientes de Juan desde hacía más de ocho años, el cual vino desde Ucero (Soria), a prestar sus servicios junto a su hermana Benita a la casa del fotógrafo, extrañado, abrió por la puerta de servicio con gran sigilo, y al verlo cruzó a grandes zancadas -- (aunque no tan grandes como el aprecio que los hermanos le profesaban) -- la distancia que le separaba del cuerpo inerte de Juan que descansaba sobre el suelo de la  planta del edificio. Tiró de él hacia el interior de la casa con la ayuda de su hermana Benita  hasta acomodarle en la cama de la habitación del matrimonio, para momentos después y tras intentar  reanimarlo sin ningún éxito, avisar urgentemente al médico y a su esposa e hija que aún no habían regresado de una visita que esa tarde-noche habían decidido hacer a un familiar de Carmen, la segunda esposa de Juan.

Muchas fueron las causas que se barajaron entre los familiares, para intentar justificar ese mal que le aquejaba y con el que solo convivió unas horas, pero lo cierto es que Juan llevaba un tiempo en el que trabajaba hasta bien entrada la madrugada en su laboratorio, saltándose las cenas y descansos exigidos, con la única compañía de sus dos cafeteras y las sustancias y componentes químicos de sus revelados, también con la mente llena de inquietudes y nuevas ilusiones, pues lo cierto es que le fascinaba la velocidad y premura con la que se llevaban a cabo las nuevas técnicas de composición y mezclas que la fotografía cada vez más puntera exigía y demostraba.

El veintidós de junio de 1898 su cuerpo físico, el del hombre, el del esposo y padre,  el del amigo y compañero, el del trabajador incansable y jefe, el del hermano y tío… se hundió, y tras una larga noche de incertidumbre,  a las diez horas de la mañana del veintitrés de junio de 1898  y debido a un derrame cerebral, Juan no pudo recuperarse y “decidió que la respiración que ya no oía, esa… debía de ser la suya”.

Al suceder el óbito tan súbitamente ni se pudo despedir ni testó. 

Juan era miembro de la Asociación Filantrópica de Milicianos y Militares Veteranos desde el treinta de julio de 1876 con número de socio 2377.  Feligrés de San Gil, con tratamiento de excelentísimo señor por su vinculación a la condecoración que el rey Alfonso XII le otorgó en febrero de 1884 como caballero con la  Cruz de la  Real y distinguida Orden de Carlos III. Con esta Cruz en su pecho se le dio sepultura, en la Sacramental de Sta. María de Madrid.

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Certificado de defunción Juan Mon // Esquela

laoida juan   cementerio juan

Lápida // hoja del libro del cementerio

  • 4 Dic, 2014
  • Juan Mon
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